Ilustración: Cristian Pernía (@cristiann.cri)

Por Juan Ignacio Pernía (@juanaccio)



Si para los jóvenes de los '90 "Friends" fue “la” serie, la que los educó sentimental y estéticamente, para los que transitábamos o iniciamos la adolescencia a comienzos del nuevo milenio fue “Okupas”. Las similitudes, pero sobre todo diferencias saltan a la vistas.

En su forma elemental, ambas series narran las experiencias de un grupo de jóvenes de veintitantos años en su tránsito a la madurez, y en este viaje la amistad, la camaradería y la lealtad son el centro y la medida del mundo. Hasta acá lo común, el resto es pura diferencia y, como enseñó Derrida, allí se juega el sentido.


“Okupas” se estrenó en el año 2000 por la pantalla de la TV Pública, alejada de la mística estatista que le imprimiría años más tarde el kirchnerismo, y asociada por aquel entonces, como correspondía al imaginario neoliberal reinante, al tedio y la pésima calidad y se entendió a lo largo de 12 únicos capítulos. En la antípodas, “Friends”, que para esa fecha iba ya por la 6ta de sus 10 temporadas, se estrenó por en la prestigiosa NBC, hogar de serie memorables como Team-A, Miami Vice o ALF., y llegaba a nuestro lares por el cable.




Tanto en el espacio de circulación televisiva (TV internacional/privada vs. TV nacional/pública) como la extensión en el tiempo de cada programa (12 capítulos contra 236, respectivamente) no solo expresan una lógica de funcionamiento en el campo audiovisual (la famosa relación entre centro y periferia), sino que se cifra el núcleo de la diferencia de sentidos que ambas series ponen en juego y las atraviesan de principio a fin. Así, mientras Friends se inscribe en el centro de la producción audiovisual mundial, EE. UU., su historia también transcurre en el centro del centro, la ciudad de New York; “Okupas” no solo se transmitía en la periferia del sistema audiovisual argentino, sino que también transcurría en los márgenes de los márgenes del tercer mundo: la periferia de la megapolis del AMBA.

Así mientras que para Ross, Rachel, Chandler, Joey, Phoebe y Mónica todo era glamour, bonanza y las experiencias, lo sorprendente, lo mágico brotaba por donde sea desde extraordinarios departamentos hasta viajes a Europa, pasado por viajes en yates y fiestas elegantes en su búsqueda de la media naranja y el trabajo ideal; para el Pollo, Richard, Chiqui y Walter todo era carencia: de hogar, de trabajo, de familia, de “aventuras” que no sean atravesadas por la violencia.

Abundancia y Carencia serán entonces los significados que se pondrán en juego, inscribiendo cada uno de los elementos narrativos y estéticos en esta lógica. Tomemos un elemento al azar y veremos como lo mencionado se pone de manifiesto: la cortina musical de presentación. Frente al ritmo pop meloso, pegadizo, derochante de positividad y luminosidad del tema de “Friends” (“I'll Be There for You” de Michael Skloff y Allee Willis e interpretada por el grupo The Rembrandts) anunciado, así, que “todo va estar bien”; nos encontramos con “Final” de Axel Krygier, un tema donde la letra está ausente, predomina el estruendo, la densidad, casi lúgubre, recordándonos, por momentos al “Aprendiz de brujo”, preanunciando, como aquella vieja fábula, que todo va a salir mal, que no esperen anda positivo de esta serie. Podrías seguir ad infinitud, pero no queremos aburrir. Solo mostrar que Okupas espejo en negativa de la otra. Y esto se debe por cada uno, a su modo, pone a la luz las narrativas del neoliberalismo.

Así, mientras Friends nos vende, tácitamente, las promesas del neoliberalismo (su glamour, su prosperidad laboral y social), Okupas no hace más que dejar en evidencia el resultado real de dichas promesas, que no es otra cosa que campos de exterminio económico y social donde no hay lugar para progresar, para la felicidad, capaz de corroer y destruir, por la violencia que genera, el único antídoto para enfrentarlo: la amistad.


Por eso, de este lado del hemisferio, aunque amamos a Friends, nuestra serie va ser Okupas, no por un tema patrioterismo, ni mera nostalgia adolescente, sino porque en ella no solo se cifra nuestra pasado (social, estético y sentimental), sino parte de nuestro presente.