Por Frente Juvenil Hagamos Lo Imposible

El mundo después de la pandemia

Es complicado pensar los momentos históricos cuando se están viviendo. Desconocemos por ahora qué cambios trae en lo que pensamos y en lo que vamos a hacer. Para comenzar podemos decir que nuestra generación vive un año excepcional. Una pandemia mundial arrasó con nuestras rutinas, trabajos, estudios y formas de vida como las conocíamos. Construyó nuevas maneras de relacionarnos con las personas y, forzosamente, nos mostró la peor y la mejor cara del mundo.

Dejamos de ver a la gente que queremos o amamos. Tuvimos que seleccionar con quiénes íbamos a encontrarnos. Las juntadas se hicieron más chicas o fueron inexistentes. Los abrazos se postergaron, lo virtual se intensificó: florecieron las publicaciones, historias, y memes. Nos encontramos en soledad con nosotres mismes. Muchas veces fuimos al fondo de nuestros problemas.

Nos echaron del laburo, nos pagaron la mitad o dejamos de cobrar. Volvimos a laburar o nunca dejamos de hacerlo en condiciones de precarización, expuestes al virus. Algunes de repartidores, otres en comidas rápidas, cuidado, gastronomía o en cualquier changa que pudimos conseguir.


La cana quedó a cargo del control del aislamiento obligatorio y nosotres expuestes a sus detenciones arbitrarias, sus verdugueos, sus palos, su gatillo fácil y sus desapariciones forzadas. El mundo que vamos vivir después de la pandemia no lo van vivir un montón de pibis de nuestra edad porque fueron asesinades o desaparecides. Nos preguntamos dónde estaba Facundo más de 100 días, hasta que lo encontramos asesinado. Vimos cómo desalojaron más de mil familias en Guernica. Volvimos a pensar lo que ya pensábamos: la cana está para reprimirnos. La foto de una niña jugando con cartuchos de balas en Guernica es la imagen de un mundo que no puede seguir así.


Los sistemas de salud colapsan, a la educación virtual ingresa sólo una parte de las juventudes, las fronteras se cierran y abundan los discursos racistas. Las potencias imperialistas se disputan el desarrollo de una posible vacuna y demuestran que sus intereses económicos están por encima de la vida de millones de personas.

El presente, como dimensión histórica, tiene la fuerza de hacernos reflexionar hacia atrás y hacia adelante: ¿qué pasado tuvimos para llegar hasta acá? ¿Qué mundo hay hacia adelante? Tenemos una historia en la que los proyectos políticos transformadores y revolucionarios no pudieron tomar el poder para construir sociedades nuevas. Y un pasado reciente donde muchos de los derechos obtenidos en la calle durante décadas han sido eliminados o puestos en discusión. Tenemos mucho para aprender de las experiencias pasadas y guardamos en nuestra memoria movilizaciones de masas que lograron cambiar las cosas.

Vivimos un presente donde las patronales aumentan sus riquezas y el pueblo pasa a la pobreza. En Argentina, la derecha se moviliza luego de cuatro años de ser gobierno. Sus consignas no son claras porque su composición es heterogénea: terraplanismo, pañuelos de las dos vidas, votantes liberales y de derecha, reivindicadores de la dictadura genocida, opositores al comunismo y defensores de jueces y millonarios. Lo que sí es claro es su odio: a les pobres, a los maricas, lesbianas, trans, travestis, a las mujeres, a les migrantes y a todes les que queremos que el mundo sea un poco más justo.

El mundo en términos ambientales tiene sus días contados; cada vez hay más gente sin laburo y los laburos que existen son peores; la derecha y el odio avanzan. Se acabaron los días de las acciones individuales y los posicionamientos digitales. Es hora de abrirle paso al siglo XXI. No queda otra opción que poner a lo colectivo en primer lugar, para que sea el siglo de las grandes mayorías populares. Lo que vivamos después de la pandemia no será una vuelta a la normalidad. Todas las rebeliones populares del 2019 y 2020 nos mostraron que la normalidad que vivíamos estaba agotada. Y, además, no hay normalidad a la que volver. Ese mundo previo ya no existe porque se transformó. La pandemia es un cambio en nuestras maneras de estar en el mundo.



Las juventudes miramos nuestro pasado para aprender y superar a quienes estuvieron antes que nosotres. Luchamos en el presente para que sea digno. Lo hacemos en los barrios, escuelas, terciarios, universidades y espacios de laburo. Miramos al futuro para hacernos cargo de que podemos y debemos construir algo distinto.

Después de la pandemia, se puede redistribuir la pobreza o discutir realmente la riqueza y los dueños de nuestro país. Las juventudes, como parte del movimiento popular, debemos empujar para construir una agenda de derechos y afectar los intereses de las patronales. Nosotres ponemos en pie el país todos los días. Les toca poner a los que tienen coronita.


Las juventudes migrantes, estudiantiles, barriales; las juventudes de la marea verde, de las canchas y las esquinas podemos construir un mundo nuevo. Es hora de luchar por lo imposible porque lo posible se agotó. Ese mundo tiene que ser socialista y feminista. Ese mundo ya está naciendo.