Comentario del artículo ¿Por qué importan los docentes en tiempos oscuros? de Henry Giroux

En un contexto desolador que se sostiene a través del miedo, la crueldad, el neoliberalismo y la supervivencia, pensar a les docentes como intelectuales transformadores, agentes de la democracia y de los espacios públicos que brindan esperanza, nos resulta ineludible.


La presidencia de Donald Trump trajo consigo una forma hegemónica, patriarcal y capitalista de ver el mundo. Esta afirmación va de la mano con la forma de ver a la educación en un país y el presidente lo deja en claro en cada una de sus acciones, ya que entiende a la educación como mercancía y a la escuela como una inversión financiera donde poder encontrar oportunidades de negocios. A través de distintos requerimientos represivos adormecen las mentes y destruyen el espíritu de les estudiantes, pulverizan la capacidad de les docentes de ser creatives, de comprometerse con las comunidades que trabajan y de enseñar para que el conocimiento sea crítico y transformador.

A su vez, las escuelas fueron desfinanciadas y, por consecuencia, deterioradas representando la imagen de la cultura de la crueldad y la desposesión producida por la violencia del neoliberalismo. La legislación nacional impone a sus docentes, bajo la falsa apariencia de reforma, una pedagogía del entrenamiento y la evaluación que aniquila la imaginación y apunta directamente contra la desaparición de la democracia. Un gobierno que no acompaña a sus docentes desde lo pedagógico ni desde lo económico, y que les culpa por la situación de las escuelas públicas: ¿tiene futuro? Un gobierno que acusa a les docentes de interponerse en el camino de los CEOs en su afán de privatizar todo lo que encuentran y que, encima, deben ser disciplinades por ello, no puede poseer ningún tipo de futuro. Un gobierno que denigra a les docentes a la categoría de sirvientes públicos ha perdido (o quizá nunca lo tuvo) el rumbo en su camino.

Pero, miremos un poco más cerca… en América Latina: ¿qué sucede? ¿La educación es parte del sueño? El neoliberalismo y la derecha avanzan a pasos agigantados acrecentando las deudas pendientes y las brechas de desigualdad. Les docentes, cada año, levantan sus tizas y sus pizarrones reclamando sus derechos laborales y de quienes estudian. Nosotres, les estudiantes, alzamos la voz frente a la burocracia que intenta pisotearnos, haciéndoles entender que estamos acá y que le sacaremos las ganas de jugar a los sin alma que intentan manejar nuestros pasos.

Frente a las formas de represión para disciplinar, crece la resistencia. Crece la idea de escuela pública y de Educación Superior como potencial para servir de laboratorios para la democracia donde les estudiantes aprendan a pensar críticamente. Crece la idea de entender la crisis de la educación como la crisis de la democracia, de la igualdad económica y de la justicia. Crece de la mano de les docentes y les estudiantes que expresan su malestar con un eco de furia y rompen las cadenas de la opresión entendiendo que la educación no se vende, se defiende.

Para finalizar, Henry Giroux sostiene que si el mayor índice de cualquier democracia se mide por como una sociedad trata a sus niñes, Estados Unidos está fallando. Por lo tanto, será necesario, y no será fácil, situarse en un estado de guerra permanente. Las juventudes deberán ir en contra de la militarización de la sociedad y el racismo mientras que dicha lucha genere rupturas en estructuras tan arraigadas con la intención de habitar un mundo mejor. Un mundo que vendrá de la mano de les docentes, de espacios que ofrezcan un aprendizaje crítico y disidente, de políticas públicas que acompañen a sus ciudadanes y, sobre todo, un mundo mejor que entienda a la educación por lo que es: un derecho humano.

Les pibis no leen

¿Qué es leer? ¿Cómo se lee? ¿Quiénes leen? ¿Para quiénes leen? ¿En qué contextos leen? ¿Les pibis no leen? y ¿les adultes? ¿Es posible leer en el siglo XXI? Parece ser que, en los tiempos que corren, no hay tiempo para leer. Vivimos atravesades por tiempos rápidos, fugaces, casi invisibles y, sobre todo, que no permiten la posibilidad del encuentro, de la imaginación, del pensamiento.


En el medio de todo este vaivén fugaz aparecen les pibis. Les pibis como objeto de mirada, de crítica. Les pibis como víctimas del adultocentrismo, un adultocentrismo que oprime y rodea de acusaciones como: “los pibes no leen”, “están todo el día con el celular”, “jamás lo vi agarrar un libro a este”, entre otras (tristes) frases. Les pibis no leen porque tampoco hay quien les lea. No hay quien les invite, les interpele. No hay quien les ayude a encender el fuego por la lectura. Es difícil que une pibi lea si lo único a lo que se enfrenta es a pantallas y personas frías, cargadas de información, viviendo a las apuradas y congelando los sentires de quienes buscan un poco de calma entre tanta exigencia.


Es cierto que hay pibis que no leen porque no garpa, porque hay una idea social sobre los libros y es que la gente piola no lee porque, no levanta, no suma. Quiero enfrentar directamente esta idea porque las personas más piolas que conozco leen. Quiero enfrentarme directamente contra quienes levantan esta bandera. Porque esas personas leen mucho, para elles y para otres. Leen e invitan, abrazan y sueñan. Leen y se convierten en pequeños mundos capaces de cambiarlo todo.


La acción de leer, hoy, es un imposible para les pibis porque requiere poner un freno. Un freno a esta vida apresurada, a elles y a quienes les acompañen. Requiere cultivar la cabeza, el cuerpo y el corazón. Requiere mirar con otros ojos lo que se nos presenta, apreciarlo y cuidarlo. Requiere compartir, sentir, vivir. Y no sólo leer libros en su formato tradicional, sino leer en la diversidad de formatos que se nos presentan. Tampoco es cuestión de volvernos unes consumidores desesperades de libros y que creamos que cuantos más libros se leen, mejor. Porque esas ideas nada tienen que ver con cultivar, sino que se relacionan profundamente con las ideas del mercado. No somos la cantidad de libros que leemos, sino que somos la cantidad de veces que volvemos a aquellos libros que leímos. Para releerlos desde otro lugar, con otra perspectiva, desde otras mutaciones y con la intención de exprimir cada gramo de tinta a esas letras que nos encienden los sentires.


Por lo tanto, entender el poder de la lectura es profundamente importante ya que nos permite abrir puertas que invitan a una infinidad de otros mundos posibles. Encender el fuego por la lectura nos hará frenar, nos dará tiempo y espacio, nos hará cultivar el arte del encuentro.


Encendé tu fuego.