Nota por Thomás Lahitte https://www.instagram.com/thomlahitte/


Ilustración de Cristian Pernía

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¿Por qué Walsh?

¿Por qué parece ser una especie de Gauchito Gil de cualquier redacción popular? ¿Por qué, dentro de una generación irrepetible, aparece a día de hoy con tanta frecuencia? ¿Por qué su nombre adorna aulas, premios, proyectos? ¿Por qué se estudian sus papeles personas, sus cuentos y su obra periodística?


Rodolfo Jorge Walsh no siempre fue el intelectual comprometido con la causa revolucionaria o exponente de vanguardias literarias, como lo nombraría Piglia. Él mismo reconocía: “Soy lento, he tardado quince años en pasar del mero nacionalismo a la izquierda; lustros en aprender a armar un cuento, a sentir la respiración de un texto.”


Su historia es la de un recorrido de transformación personal y colectiva signada por los hechos urgentes del país. Cuando pasaba su vida entre cuentos policiales, ajedrez y bares, oyó la mítica frase: “hay un fusilado que vive”. Entre 1956 y 1957, cambiaría de identidad, llevaría consigo una pistola y publicaría por entregas “Operación Masacre”, texto inaugural del género de no-ficción que logró la suficiente potencia para comenzar a llamar “Revolución Fusiladora” al gobierno de facto y encarcelar a los responsables. Sería el puntapié inicial de una propuesta de trabajo: ¿que ocurre cuando los crímenes los comete el Estado?


La serie de la “Secta de la picana” y “del gatillo alegre”, narraron los atropellos, vejaciones y homicidios a manos de la policía. Pueden leerse ya en ese entonces, los nombres de Ramon Camps o Miguel Etchecolaz y una precisa descripción del accionar de las fuerzas represivas. Estos trabajos influyeron a organizaciones anti-represivas como CORREPI.


En los 60´ formaría parte de hitos del periodismo latinoamericano. Por un lado, la fundación junto a Jorge Mascetti de “Prensa Latina”, la agencia de noticias con sede en Cuba, para distribuir a lo ancho del mundo, información sobre el proceso revolucionario, convirtiéndose en una alternativa comunicacional frente a la hegemonía yankee. En la estadía en ese país, perfeccionaría también habilidades para tareas de inteligencia. Fue él quien descifró el cable encubierto que anunciaba la invasión de Bahía de Cochinos, es decir, permitió al pueblo cubano una victoria clave frente al imperialismo.

Walsh en Prensa Latina, con Jorge Ricardo Masseti y el guatemalteco Miguel Ángel Asturias. Fuente: hamartia.com.ar

De vuelta en Argentina, sería convocado por Raimundo Ongaro, secretario de la CGT de los Argentinos, para una misión especial: fundar un diario contenedor del movimiento obrero. El Semanario de la CGT sigue siendo espejo para medios populares que se propone ser, no sólo voz hacia el afuera, sino también insumo de discusión y crecimiento para los propios sectores.


El Walsh cuentista, ya con varios premios a cuestas, estaba en permanente tensión. Cuando llegó a sus oídos que Ongaro había dicho “no le entiendo nada, ¿para quién escribe? ¿para los burgueses?” se colocó de nuevo en el centro de la tensión. Mientras se la había encargado una novela, reflexionaba: “Escribir para todos. Renunciar a las canchereadas, elipsis, guiños a entendidos o contemporáneos”. Lejos de caer en lugares estériles u ortodoxos, decidió transitar la contradicción.


Se podía ser, entonces, responsable de inteligencia de una organización revolucionaria y también un experimentador formal, con una obra ficcional de primer orden. Podía construir herramientas para sectores populares a la vez que realizaba crónicas sobre los yerbatales o el carnaval.

Su estilo, lacónico y poderoso, sintetizan una búsqueda. ¿Cómo lograr el mayor nivel de impacto y eficacia? El violento oficio de escribir, como lo llamaba, era tomado con el máximo compromiso. Rastreable en un cuento, en una crónica e incluso, en la carta que escribió a sus amigues por la muerte de su hija. El trayecto final lo encontró siempre en movimiento. ANCLA (Agencia de Noticias Clandestina) y Cadena Informativa, fueron la respuesta creativa y necesaria a la situación cada vez más opresiva previo y durante el golpe.


La Carta Abierta, que terminó en el primer aniversario de la dictadura, debía ser repartida durante el 25 de Marzo de 1977. Un texto potente, donde los números y los datos realzan el valor del rigor, más allá de toda declamación. El panorama que hoy, cuatro décadas después parece algo descontado, no lo era en ese entonces. Números de desaparecidos y centros clandestinos y el inescindible plan económico al que caracterizó de “miseria planificada”.


Reivindicar a Walsh solo como un individuo, sería no haber prestado atención a sus premisas. Es la síntesis destacada de una época, de un pueblo soñador y contradictorio. A quienes él describió con precisión:


"Para los diarios, para la policía, para los jueces, esta gente no tiene historia, tiene prontuario; no los conocen los escritores ni los poetas; la justicia y el honor que se les debe no cabe en estas líneas; algún día sin embargo resplandecerá la hermosura de sus hechos, y la de tantos otros, ignorados, perseguidos y rebeldes hasta el fin".